Desde los primeros meses de vida, la boca cumple un rol fundamental en el desarrollo infantil. A través de ella el niño se alimenta, respira, explora su entorno y posteriormente se comunica. Para que estas funciones ocurran de manera adecuada, es necesaria la coordinación de diversas estructuras musculares y sensoriales que conforman la motricidad oral.
La motricidad oral corresponde al conjunto de movimientos y funciones de los órganos orofaciales —labios, lengua, mejillas, mandíbula, paladar y velo del paladar— implicados en la succión, masticación, deglución, respiración y habla.
El trabajo terapéutico busca lograr funciones eficientes y acordes a la edad, favoreciendo una alimentación segura, un habla clara y un desarrollo facial saludable.
Ámbito de trabajo de la Motricidad Oral Infantil
El trabajo en motricidad oral abarca varias áreas fundamentales del desarrollo infantil:
- Alimentación
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- Succión (pecho, biberón, chupón)
- Masticación (patrones masticatorios adecuados)
- Deglución (prevención de deglución atípica)
- Transición de texturas (papillas → sólidos)
- Habla
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- Tono y movilidad de labios y lengua
- Precisión articulatoria de los sonidos del habla
- Coordinación respiración–fonación
- Claridad de habla
- Respiración
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- Promoción de la respiración nasal
- Prevención de respiración bucal
- Coordinación respiración–deglución
- Desarrollo Orofacial y Dentomaxilar
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- Postura de lengua en reposo
- Equilibrio muscular orofacial
- Prevención de maloclusiones
- Influencia en el crecimiento facial
- Desarrollo Sensorial
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- Sensibilidad oral (hipersensibilidad o hiposensibilidad)
- Discriminación de texturas, sabores y temperaturas
- Integración sensorial
Además, el trabajo en Motricidad Oral es clave para niños que presentan diversas dificultades en su desarrollo, como: Trastornos del habla, retrasos del desarrollo, trastorno del espectro autista (TEA), parálisis cerebral, Síndrome de Down, dificultades de alimentación, respiradores bucales.