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Instituto de Diagnóstico y Tratamiento

PROBLEMAS DE CONDUCTA Y TRASTORNO DEL ESPECTRO AUTISTA EN NIÑOS

Giuliana Salazar Álvarez
Especialista de la Unidad de Trastorno del Espectro Autista-UDAD
Instituto de Diagnóstico y Tratamiento-CPAL

Los problemas de conducta son comportamientos desafiantes o inadecuados que los niños manifiestan en distintos contextos, como el colegio o el hogar y representan un reto para los padres y adultos cercanos (Delgado & Arias, 2021). Su frecuencia ha ido en aumento, observándose por ejemplo más conflictos escolares, dificultades para comer, conductas negativistas y desafiantes, entre otros (Tous, et al. 2023). Este tipo de comportamientos pueden generar interacciones conflictivas con sus pares o adultos provocando altos niveles de estrés en los padres quienes, en algunos casos, recurren a medidas desesperadas como gritos, agresiones físicas o insultos, afectando negativamente la relación con sus hijos (Garrido, et al., 2020, Valdés, et al., 2023, Huerta, et al., 2023).

Para comprender por qué surgen estos comportamientos, es fundamental entender que la conducta es cualquier acción verbal o no verbal que realiza la persona y, en sí misma, no es adecuada o inadecuada. Por ejemplo, la conducta de gritar no será identificada como un problema si ocurre en un estadio durante un partido de fútbol, pero sí lo seria en un aula de clase. Por tanto, es necesario un análisis más profundo para entenderla a la par del contexto en el que ocurre.

Una manera de entender mejor los problemas de conducta es a través de la metáfora del iceberg: generalmente solo vemos la punta, pero desconocemos su tamaño real porque la mayor parte se encuentra bajo el agua. De manera similar, para explicar un comportamiento no podemos limitarnos a lo que se observa en la superficie; es crucial explorar las razones subyacentes que influyen en su aparición, teniendo en cuenta tanto el contexto (situación o persona frente a la cual surge) como las consecuencias de dicha conducta (Tamarit, 1995, AAIDD, 2011; Verdugo & Schalock, 2010).

Debemos comprender que las conductas que generan consecuencias gratificantes o los resultados esperados por el niño tienden a repetirse cada vez que quiera obtener lo mismo (Froxan, 2020). Por ejemplo, si un niño insiste en que le den el celular llorando y tirándose al suelo, y la madre finalmente cede, es probable que repita ese comportamiento en el futuro cuando desee nuevamente ese objeto. Por lo tanto, aunque el comportamiento se perciba como el problema, la forma de intervenir dependerá de analizar la función de esa conducta en el contexto específico.

Cuando se hace referencia al Trastorno del Espectro Autista (TEA), los manuales diagnósticos lo describen como una alteración en el desarrollo que afecta la comunicación social y se caracteriza por comportamientos restringidos y repetitivos, necesitando diferentes grados de apoyo dependiendo de qué tanto impactan estas características en la autonomía de la persona (DSM-5-TR, 2022).

Como se observa, los problemas de conducta no forman parte de la definición del TEA; sin embargo, muchas conductas de los niños con este trastorno pueden ser percibidas erróneamente como problemas de comportamiento, y ser etiquetados como “malcriados”. Al analizar lo qué las motiva u origina, a menudo se observa que surgen de las limitaciones en la comunicación verbal o no verbal, que al no ser efectivas suelen ser poco comprendidas por los demás, generando confusión en el interlocutor y frustración en el niño.

En sentido inverso, los niños con TEA suelen tener dificultades para entender las conductas de los demás, ya que las motivaciones detrás de las acciones sociales no suelen ser explícitas. Por ejemplo, en una clase de psicomotricidad, el docente puede acercarse para quitarle los zapatos al niño, sin que este comprenda por qué debe entregar sus zapatos favoritos o a dónde los llevará. A medida que crecemos, la comprensión del contexto social se complica debido al uso de bromas, frases con doble sentido y acciones políticamente correctas, lo que las hace aún menos comprensibles (Hervás, 2016; Garrido et al., 2020). Por ello, es importante tener en cuenta que el niño no es responsable de dichas conductas, sino que requiere procesos de ajuste al entorno en el que vive, así como un contexto amigable que considere sus necesidades, particularidades y estilos de aprendizaje, facilitando así su inclusión y participación efectiva (Schneider & Goldstein, 2020).

Aunque se han mencionado algunas razones que pueden dar origen a los llamados “problemas de conducta”, hay que tener en cuenta que cada familia representa una realidad particular, y que es posible que existan múltiples razones detrás de estos comportamientos, independientemente del diagnóstico del niño. Además, podría presentarse otras condiciones coocurrentes como alteraciones sensoriales o conductas ritualistas, que también contribuyen a estas manifestaciones.

Es fundamental que se considere la individualidad del niño (problemas de salud física, trastornos del sueño, trastornos del neurodesarrollo, ingesta de medicamentos, sensibilidad sensorial, entre otros) y la particularidad de su contexto (estructura familiar, rutinas, cuidadores, estilos de crianza, entorno escolar, etc.) para que podamos entender el porqué de dicha conducta con la finalidad de  enseñar una conducta alternativa y respetuosa en su condición (TEA) que le permita una convivencia efectiva con su entorno (Tamarit, 1995).

Finalmente, la intervención, en estos casos, requiere que se trabaje sobre los déficits nucleares del TEA así como en el desarrollo de conductas adaptativas con especialistas formados y certificados para atenderlas.

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