Omar Guere Paredes
Especialista de la Unidad de Aprendizaje
Instituto de Diagnóstico y Tratamiento-CPAL
Cuando su hijo logra organizar sus útiles con anticipación, espera su turno antes de participar, sigue instrucciones, recuerda una indicación o cambia de estrategia cuando algo no funciona, está utilizando un conjunto de habilidades conocidas como funciones ejecutivas. Aunque generalmente pasan desapercibidas, estas habilidades son fundamentales para el aprendizaje.
Existe consenso para considerar que las funciones ejecutivas son procesos cognitivos que permiten planificar, organizar, controlar impulsos, regular la conducta y resolver problemas. Es decir, cumplen la función de “director” del cerebro, ayudando a coordinar pensamientos, emociones y acciones para alcanzar una meta. Además, muchas investigaciones coinciden en que estas habilidades tienen un papel clave en el desempeño escolar (Donoso et al., 2025; Mejía, 2023; Ponce-Figueroa, 2023)
Adele Diamond (2013) propone un modelo que señala cuales son las tres funciones ejecutivas básicas: la memoria de trabajo, el control inhibitorio y la flexibilidad cognitiva. La memoria de trabajo permite mantener y manipular información durante un corto periodo de tiempo. Gracias a esta habilidad, un alumno puede comprender un texto al integrar la nueva información con su conocimiento previo. Por su parte, el control inhibitorio ayuda a controlar impulsos y evitar distracciones. Esta habilidad permite que el alumno permanezca atento durante una explicación o evite responder impulsivamente. Finalmente, la flexibilidad cognitiva facilita adaptarse a nuevas situaciones, cambiar de estrategia y considerar diferentes puntos de vista. Todas estas habilidades trabajan en simultaneo y tienen una influencia directa en el aprendizaje.
En el aula, las funciones ejecutivas participan prácticamente en todas las actividades académicas. Un estudiante necesita planificar para organizar sus tareas, controlar su atención para seguir instrucciones, supervisar sus errores mientras escribe y utilizar la memoria de trabajo para comprender lo que lee. Por ello, cuando estas habilidades presentan dificultades, el proceso de aprendizaje se ve afectado.
En relación a los niños que presentan Dificultades Específicas de Aprendizaje, estudios como el de Quintero et al. (2022) encontraron una fuerte correlación entre las funciones ejecutivas y las dificultades en la lectura, escritura y matemáticas. Tal es así, que los niños que presentan dificultades en el aprendizaje suelen mostrar problemas para organizarse, mantener la atención, seguir indicaciones o controlar impulsos durante las actividades escolares.
Otro detalle importante, es que el desarrollo de las funciones ejecutivas inicia desde los primeros años de vida y se mantiene hasta la adultez, siendo la etapa entre la infancia y la adolescencia la más crítica. Durante los primeros años de vida, actividades sencillas como seguir instrucciones, clasificar objetos, recordar secuencias, armar rompecabezas o participar en juegos de reglas contribuyen a su desarrollo. De igual manera, fomentar rutinas, enseñar estrategias de organización y promover la autonomía favorece su fortalecimiento.
Esto significa que las funciones ejecutivas pueden estimularse y fortalecerse mediante instrucción adecuada, juegos, hábitos y actividades estructuradas. No obstante, sería un grave error pensar que todas las dificultades escolares se manifiestan únicamente por problemas en las funciones ejecutivas. Aprender es un proceso complejo en el que intervienen factores cognitivos, emocionales, familiares y educativos.
Debemos recordar que cada niño tiene su propio ritmo de desarrollo. Algunos pueden requerir mayor apoyo para aprender a organizarse, controlar impulsos o planificar actividades. Lo importante es brindar acompañamiento, apoyo oportuno y comprender que estas habilidades pueden desarrollarse con práctica, paciencia y experiencias adecuadas.
Dentro del acompañamiento en intervención de aprendizaje, se observa que los problemas escolares no aparecen únicamente porque el niño “no quiere aprender” o “no presta atención”, sino porque existen dificultades en ciertas competencias. Precisamente por ello, resulta fundamental detectar tempranamente esas dificultades.
Finalmente, podemos afirmar que las funciones ejecutivas son esenciales para aprender, convivir y desenvolverse en la vida diaria. Potenciarlas desde edades tempranas no solo favorece el rendimiento académico, sino también la autonomía, la regulación emocional y la capacidad para enfrentar retos. Después de todo, aprender no depende únicamente de cuánto conocimiento acumula un niño, sino también de cómo organiza, regula y utiliza dicho conocimiento.
Referencias
Diamond, A. (2013). Executive functions. Annual Review of Psychology, 64, 135-168. https://doi.org/10.1146/annurev-psych-113011-143750
Donoso Lascano, G. M., Indacochea Mendoza, L. R., Altamirano Pazmiño, E. C., & Melo Coloma, M. V. (2025). Análisis del desarrollo de las funciones ejecutivas en el desempeño académico en estudiantes de básica media. Revista InveCom, 5 (2), e502023. https://doi.org/10.5281/zenodo.13119810
Mejía Rubio, A. (2023). Relación entre inteligencia emocional, funciones ejecutivas y rendimiento académico en escolares. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, 4 (3). 1153-1164. https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/9586376.pdf
Ponce-Figueroa, M. A. (2023). Estimulación de funciones ejecutivas y su influencia en el rendimiento académico. Revista Arbitrada Interdisciplinaria Koinonía, 8 (Supl. 2), 723-738. https://doi.org/10.35381/r.k.v8i2.2947
Quintero López, C., Meneses Meza, L. M., Holguín Ortiz, S. A., Salcedo Flerez, M., & Gil Vera, V. D. (2022). Atención y funciones ejecutivas en el Trastorno Específico del Aprendizaje. Psychologia,16(1),23-39. https://revistas.usb.edu.co/index.php/Psychologia/article/view/5432/4872