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Aprender a aceptarnos como somos
Octubre 24, 2014

Nadie es perfecto, pero en la medida que nos reconozcamos y nos aceptemos, tendremos más herramientas a nuestra disposición. Fortaleciendo nuestro propio juicio, será más fácil independizarnos de lo que piensan los demás.

En su mayoría las personas, y, como padres tenemos un ideal acerca de quién queremos ser o cómo queremos, deseamos que sean nuestros hijos. Como ocurre con muchos “ideales”, esto puede no coincidir con la realidad. Esto en sí no es negativo ni sorprendente, pues esa diferencia entre lo ideal y la realidad ocurre en muchos aspectos de la vida.

El problema aparece cuando esa diferencia desencadena una frustración que lleva a las personas, por ejemplo padres, a molestarse consigo mismos o con sus hijos al no ser capaces de alcanzar aquello que persiguen o desean para sus hijos.

Conviene aclarar que muchas veces entendemos que aceptarse es resignarse o conformarse. Nada más lejos de la realidad. Aceptarse es mirarse a sí mismo, y desde esa aceptación proponerse cambios, pero cambios realistas, o convivir activamente y de forma provechosa con quienes somos. Y esto no es resignarse.

Para poder aceptarnos es necesario dedicar un tiempo para encontrarnos con nosotros mismos, pero no para agobiarnos con todo lo que deberíamos haber hecho o nos falta por hacer.

Aceptarse a uno mismo es esencial para tener una alta autoestima y poder realizar los cambios que consideremos necesarios. Quizá se puede pensar que es mejor no aceptar ciertas características de nuestra forma de ser a la hora de querer cambiarlas pero no es así. La aceptación de esas características negativas nos ayudará a ser más conscientes de su existencia, sus causas, cómo influyen en nuestra vida. Eso mismo que sucede con nosotros debemos tenerlo en cuenta para nuestros hijos.  

Para poder aceptarnos a nosotros mismos debemos intentar ser objetivos y olvidarnos de valorarnos aprobándonos o desaprobándonos.

No podemos ser objetivos si estamos pensando continuamente en lo que deberíamos ser, en lo que está bien visto, en las cosas del pasado quedebimos hacer de otra manera, en lo que pensarán los demás. Debemos hacernos conscientes de nosotros mismos y evaluar qué queremos, qué sabemos, qué cosas podemos hacer y cuáles no.

Una vez nos hayamos observado, debemos aceptarnos como lo que somos: una persona única y especial con muchas características positivas.

El hecho de observarnos, así como a nuestros hijos de manera objetiva, nos ayudará a enfocarnos en mejorar sin la intromisión de culpas o temores.

Algunas recomendaciones:

·  Conocernos mejor a nosotros mismos: Estamos en contacto con nosotros mismos, con nuestras emociones. Conocemos nuestras limitaciones y nuestras habilidades. Tenemos metas, planes de acción y objetivos.  Podemos tomar decisiones.

·  Aceptarnos como somos: Nos aceptamos tal como somos entendiendo que somos capaces de mejorarnos a nosotros mismos, así que nos mantenemos permanentemente en crecimiento.

·  Aceptar las cosas como son: Aceptamos las cosas y los acontecimientos de la vida como pasan,  manejando y canalizando nuestras emociones de frustración, rabia o tristeza de la mejor manera posible. No nos “atacamos” ni a los demás, porque las cosas no salen como queremos.  Confiamos en que aunque las cosas no son como quisiéramos, algo mejor va a venir.

·  Creer en uno mismo: Creemos que somos capaces y que podemos llevar a cabo los proyectos que queremos hacer.

·  Creer que nuestro valor está en nuestro interior no en el exterior: Estamos conscientes y claros de que las cosas externas no definen quienes somos. No valemos más por ser más prestigiosos o tener más cosas. Nos define nuestra manera de ser y actuar en el mundo.

·  Ser flexibles: Darnos el permiso de equivocarnos sin que esto sea trascendental. Asimismo, darnos el permiso de cambiar de opinión, si es necesario.

·  Experimentar relaciones armoniosas con los demás: Nos vinculamos con los demás en relaciones armoniosas, respetando la individualidad del otro. No establecemos relaciones de poder, en

la que ejercemos el control sobre el otro, o lo sometemos a nuestra voluntad o criterio como si éste fuera el único existente.

·  Aceptar el punto de vista del otro: Tener la razón no significa valer más. No tenemos la necesidad imperiosa de entrar en conflicto o discusión para  imponer nuestro criterio o punto de vista sobre el otro y convencerlo de que tenemos la razón. Respetamos la percepción de las cosas que tiene cada persona, la manera de pensar del otro y abrimos nuestra mente a otras opiniones.

·  Valorar a los demás: Cuando nuestra autoestima es sana, no criticamos ni juzgamos a los demás. No necesitamos descalificar y rebajar al otro,  para entonces situarnos por encima. Sabemos que nos definimos por lo que somos, no en función de lo que el otro es.

·  Cuidar nuestra comunicación:En nuestra comunicación con los demás, incluida en la de los niños, somos cautelosos con nuestra manera de dirigirnos a ellos. Cuidamos las palabras que vamos a utilizar, preservando la dignidad de la otra persona, siendo respetuosos y empáticos con el otro.

Referencias bibliográficas

http://felicesjugando.com/la-autoestima-de-los-padres-una-base-para-ayudar-a-sus-hijos-a-amarse-a-si-mismo/



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